La historia de Diego
Ahora, desde aquí extraño la lluvia que caía lentamente en Santiago, a pesar que la lluvia de París fue la que siempre quise tener bajo mi paraguas. Tantos años que he estado aquí trabajando y buscando la verdadera historia de mi familia.
Por la lluvia de París camina Diego con el viejo diario de su abuela Verónica. Camina como si fuese los últimos pasos de su vida, pues ya ha encontrado lo que buscó por años en Europa y en Canadá.
Andrea que llevaba muchos años en Chile, recuerda poco de su hijo que viajo ya hace años viajó a Canadá, para encontrar el diario de su abuela, buscar las historias que nunca contó por temor, vergüenza o por la misma familia para mantenerla siempre unida como lo era. Después de la muerte de Verónica, Andrea le habló del diario de su abuela, le cuenta que se perdió ya hace muchos años cuando la vieja viajó a Europa o cuando estuvo en Toronto. Con ésa historia comienza la búsqueda del diario de Verónica y sus múltiples viajes por el mundo en busca de una historia que se había perdido en una calle, en una casa en un avión, en un tren o en un café.
24 de febrero, 1981.
Andrea se ha levantado para ir nuevamente al trabajo, se siente bien, trabajando en la empresa de seguros, Chile Seguros. No lleva mucho tiempo allí pero ya tenía una amiga, Patricia, a quien conoció en sus estudios de Secretariado.
Andrea tenía 25 años, y nunca imaginó las historias que guardaría las paredes de la Casa que habita con sus hermanos, Santiago, Roberto, Macarena y Aída.
1° de Marzo 1981
Andrea ha llegado con la noticia que ha conocido a alguien, sí, hace tiempo que no estaba con alguien, después de quedar botada, con su vestido de novia visto y enamorada de Marcelo, todo esos años que ha veces e han perdido como hojas quemadas o como las cenizas de un cigarrillo, todo aquello que fue bello para ella y que había olvidado volvía para quedarse en ella, y para engendrar a Diego, que nunca imaginó que tendría un hijo a su edad, pero cuando conoció a Diego en aquella fiesta a la cual la invitó Patricia, que mundos les mostró aquellos ojos claros, sólo ella puede saberlo y sus palabras no tiene forma de expresarlo, sólo en su mente se podrían dar aquellos lugares.
18 de marzo, 1981
Paseando por el parque Forestal, están Andrea y Diego, disfrutando de aquella naturaleza, caminando hacia el museo de Bella Artes, muchas dudas pasan por la mente de Diego, en unos meses más tiene que irse a Concepción, allá debe estar, allá está su familia donde nunca está Andrea ni su futuro hijo.
29 de Abril 1981
Andrea está llorando no sabe que hacer, Diego le ha contado que se tiene que ir en junio a Concepción, mientras Diego en su departamento mira el ocaso, y bebe un café, suele pensar en Andrea, pero su mente está vagando por aquellos bosques, que ahora debía ver, aquel sur del cual salió para ir a estudiar a Santiago, aquella lejanía donde los bosques guardan el silencio de los crímenes, donde el frío llega a calar lo huesos, y la lluvia es tan cotidiana como las personas que caminan bajo ella, y mientras su mente divagaba, Andrea pensaba en lo desgraciada que era con el amor, pero que amor, muchas veces era sólo una relación de amantes, que se juntaban a pasear y follar. La mente de Diego paseaba por su infancia por aquel pueblo casi olvidado, aquel fundo donde muchas veces arriaba animales, nunca supo de lo pasó y pasaría en la Casa tantos años atrás y tantos posteriores.
25 de Febrero, 1982
Después de la explosión, ellos corriendo, todos los compañeros subieron al auto, mientras las balas del fusil silbaban en el aire, una penetró en la pierna de Juan, que cayó, ante eso Aída corrió a ayudarlo, el auto ya se había ido, un golpe de culata recibió, ¡perra comunista!, y mientras el sonidos de las botas de soldados corrían y golpeaban con alevosía a Juan, el gritaba: ¡milicos culiaos!, ver el rostro que sangraba, diciendo basta, déjenme, ver como era golpeado y llevado, separados el uno del otro, golpeados y en el anonimato que son los compañeros caídos, cuantos más había como ellos, que se había perdido que habían muerto por un ideal, un ideal que se hacía lejano, olvidado con la muerte, olvidado con la desesperanza, con la sangre, con el olor de la pólvora, claro, yo no sabía esto, no estaba en mí, no estaba en mis páginas, era olvidado por ellos, era sólo conocido por Verónica que no sabía nada de esto ni de las cosas que habían en la casa
3 de Marzo, 1982
Un batallón llegó a la Casa, Andrea, Verónica y la Abuela estaban allí, Luis seguía en el hospital, los militares entraron saltando las rejas, como si fuese un campo de batalla donde aquellas mujeres todas temerosas veían como avanzaba por el patio, en par, se movían, gritaban, la Casa estaba rodeada y afuera estaba un pequeño Tanque con su cañón dirigido hacia la entrada de la Casa, al invadir su interior, los gritos desesperados, la desesperanza se sumó a la desilusión que tenía Andrea, los recuerdos de Verónica y de la Abuela se remontaron al día del Golpe de Estado, y lo vivido, hija es hora de despedirse hasta aquí llegamos, sobrevivimos a una pero ahora no habrá otra oportunidad, el tiempo ya pasado, se siente el clima intenso, la mirada terrorífica de los soldados, el arma apuntando, ¡salgan todos al patio!, alguien gritó, sí, era uno de ellos, nos quería a todos afuera, quería vernos, quiere saber quienes somos, sí somos un peligro, pero ve a un grupo de mujeres caminar, bajando las gradas lentamente, temiendo el disparo de un fusil, ¡ustedes saquen tres sillas!, ¡rápido!, mientras los otros traían las sillas, nosotras no podíamos vernos, nuestra mirada estaba perdida en nuestros recuerdos en la sombra que era para mí Diego, la enfermedad de Luis, y nosotras paradas, esperando una señal para que nos sentáramos, y la Abuela que lloraba desconsoladamente, se volvía molesta para aquellos uniformados, ¡cállate vieja de mierda!, o quieres morir, pero aquel no sabía que ya todos estábamos muertos, aunque no lo sabíamos, sí muertos, y ahora sólo son parte de una historia oculta olvidada entre mi páginas, y sé que Diego me buscará y que ésta noche cuando ellos se vayan después de haber revisado toda la casa y encontrar un mapa de algún ataque a cierta comisaría, Verónica vendrá a escribir en mi páginas, busquen por todas partes, tiene que haber algo aquí, el cerdo ya habló, ¿dónde están los mapas vieja de mierda? Respóndeme o quieres morir, mientras sacaba su puñal, y lo ponían frente al pecho de Verónica y ella que no sabía nada, que no tenía idea de lo que pasaba, ¡sargento!, que mierda pasa cabo, encontramos unos planos, ¡vieja concha de tu madre! ¡Que! ¡No había nada! ¡Y que mierda son estas hueás!, respóndeme vieja puta comunista, sus ojos cada vez más desorbitados, mientras Andrea piensa el por qué pasó todo esto, que tienen que ver ellos, si nunca han estado metidos en nada, ¡por qué lo hacen! Una bofetada botó a Andrea de la silla, vas a hablar cuando yo te lo diga puta comunista de mierda, ojalá estuviera aquí Diego, o mejor por qué no estoy con él, pensamientos que pasaban fugazmente por la mente de, no sé de donde salieron, gritaba Verónica, déjennos por favor, váyanse, ¿quieres que nos vayamos? ¿Eso quieres?, si nos iremos, traigan las elementos, tres militares cumplieron la orden y pusieron cables sobre la mesa del patio trasero donde estaban sentadas las mujeres con la mirada inquisidora del Sargento, tomen las fotos rápido que estas putas me dan asco, mientas los soldados fotografiaban todos los cables que ellos habían traído, Verónica se resignaba a llorar, a veces pensaba en Luis y agradecía que no estuviera aquí viendo lo que estaba pasando, sí lo agradecía, y lo escribía para mí. Cuando los militares se fueron, y se llevaron las evidencias que comprometían a la Casa, y a la familia, Verónica se sentó un momento y lloró, cuando dejó de llorar dijo, todo lo que pasó aquí se queda entre los que lo vivimos, nadie más se debe enterar, mamá hay que hablar con Aída que paré con sus huevadas y que nos deje de una vez en paz, ¿qué mierda va a pasar ahora?.
5 de Marzo, 1982
La puerta se abre, es Andrea, sus ojos vienen rojos, no ha sabido nada de Diego, ni de Aída, le duele que le hayan cagado la vida, ahora era cesante, la despidieron, éste es un trabajo para gente digna, aquí no aceptamos comunistas, váyase rápido que no quiero tener problemas, esas palabras rondaban por su mente, ahora debía enfocarse a que sería su futuro, que sería de Diego, que sería de la Casa, ¿viste el diario?, no ¿por qué?, aparecimos como la casa donde se planeaba el ataque a una comisaría, hay fotos de la Casa, de las hueas que trajeron los milicos, no sé que haremos ahora, mientras suspiraba Verónica, y no tenemos nada de dinero, mierda, hay que hablar con Roberto cuando llegue, es lo más apropiado para estos momentos, pero le tendremos que decir, tengo peores noticias: me echaron de la pega, ¡qué! Sí, Verónica, nos estamos hundiendo, has sabido algo de Aída, no, nada.
15 de Marzo 1982
Aída mientras camina por su celda en la cárcel de mujeres piensa en Juan, en las torturas que le han hecho, recuerda cuando lo apresaron, cuando lo golpearon hasta dejarlo en el piso y seguir pateándolo, todavía ve su rostro ensangrentado y sus gritos siguen vivos en la celda, pero ella no quiere más, no quiere estar allí, quiere estar con Juan, sacarlo de donde esté, quiere darle su cuerpo, su amor. No duerme desde que la llevaron a la cárcel, nadie sabe donde está, nadie la ha ubicado, ni sus hermanos ni sus compañeros, pero está allí, encerrada en cuatro paredes sin ventana que la libere o le de esperanza de ver algún día el sol.
24 de abril, 1983
El otoño llegó con su dulce caer de las hojas, en una mañana sin más que las persianas cerradas y las habitaciones vacías, y el viejo recuerdo de Diego que aún sigue rondando esta vieja Casa. En algunos fríos rincones de la Casa, Andrea puede ver los recuerdos que pasan caminando, una sombra, una palabra, una canción.
Lleva tres meses de embarazo escondido, más que escondido, el embarazo se ha ocultado solo, dejándola menstruar durante los meses pasados y los que vendrán más tarde. Como podría decir estas cosas ahora deben estar escondidas para cada ser, para cada integrante de la Casa, y por sobre todo para Verónica y para Andrea que no sabe que está embarazada y realiza su vida normal sin penas ni glorias, pero con el recuerdo de Diego que está ausente ahora en su cama.
15 de Mayo, 1983.
Andrea que aún desconoce su embarazo, pues pronto sabrá, más tarde que temprano que su hijo, porque siempre tuvo la certeza de que sería un varón.
Por razones casi místicas como diría más años más tarde Diego, Jaime tuvo que venir a la Casa de Verónica, para suministrarle las dosis de drogas a Luis, que ya estaba en las últimas etapas de su fatal enfermedad.
Jaime que vio un grupo de jóvenes en la Casa, jóvenes que nunca antes había visto. Sus miradas eran como lanzas que atravesaban la carne, buscando la verdad, buscando algo que pudiera ser alguna sospecha sobre algo malo. En ése instante un frío viento atravesó la Casa, caminando por cada muralla. Andrea que no le presentó a ninguno de los que estaban allí sentados, callados como frías gárgolas, llevó rápidamente a Jaime a la habitación de Luis, los dolores que tenía eran cada vez más insoportables. Una vez adentro, Andrea le confesó que las personas que estaban allí no eran precisamente invitados, sino agentes del gobierno, el viento frío que caminaba por las murallas se apoderó de Jaime, y lo congeló, quedando atónito y pálido, sus manos temblaban. ¿Qué hacer ahora? Pasó por la mente de Jaime, su trabajo estaba allí, mientras Luis gritaba por el dolor. Tuvo que realizar su labor médica, pero por él pasaba el terror y el terrible pensamiento de ser detenido por los agentes. No respondía a las preguntas que le hacía Andrea, su trabajo fue realizado maquinalmente y sólo pudo decirle que estaba empeorando la salud de Luis, pero ¡cómo es posible!, se suponía que después de la operación debería mejorar, dijo Andrea, el cáncer está demasiado avanzado. Los ojos de Andrea su volvieron llorosos y rojos, mientras el dolor de Luis se calmaba, pero era sólo una máscara para que la enfermedad abarcará en poco tiempo la totalidad del cuerpo.
Al irse de la Casa, Andrea le dijo, tus piernas están temblando, te cuidado cualquier movimiento en falso es una señal para ellos, mientras los visitantes miraban por la ventana, ¿quién es él?, pregunto el más alto, es el médico de mi padre, está segura de eso, sí, más le vale que sea así. Ya vamos no tenemos nada más que hacer aquí, la veré mañana señorita. El ambiente denso que se podía sentir, se fue junto con los agentes, las lágrimas de Andrea rodaban por su mejilla, dejándose mecer algunas por su nariz.
Al día siguiente volvió Jaime, lleno de preguntas, quería saber lo que pasaba por qué ellos estaban allí, Andrea le explicó la cagada que había quedado después de que Aída y su esposo Juan, se involucraran en las guerrillas contra el dictador, ahora ellos sabían quienes eran, la casa había sido constantemente revisada por agentes del gobierno militar, el constante sufrir de todos, sobre todo de Luis, que no tenía idea alguna de lo que estaba pasando en la casa, no había tiempo para explicárselo, era preferible como dijo una vez Verónica que esto debería quedar entre los que estábamos presentes la tarde en que los militares invadieron la Casa, en esos momentos Aída y Juan no estaban en la casa, era preferible sino ellos sido como los tantos desaparecidos que hay ahora, y que nunca se hablaron en la Casa.
18 de noviembre, 1983
Ha nacido, nació con esos ojos claros que tanto amaba Andrea, nació para conocerme, para buscarme, nació para saber la verdad, Aída que lleva dos meses en libertad, lo cuida teniendo la esperanza de que su hijo, que el hijo que lleva en el vientre sea libre como ellos fueron en la niñez, pero la imagen de Juan tortura y encarcelado en algún lugar de Santiago la atormenta, y se desvela tratando de olvidar las imágenes de los golpes cuidando y viendo al pequeño Diego, sí, Diego debía llamarse es parte de esta historia, es parte de mis páginas y por sobre todo el es mi Némesis, mi final. Debo esperarte aquí donde no me encuentres, jugaremos durante muchos años, yo te veré crecer y tu me veras ya maduro, viejo y olvidado con el tiempo.
16 Octubre, 1990
No lo puedo creer, llegó gritando Aída, mientras Roberto y Santiago la miraban,
¡Juan va a ser indultado!, no sabía que aquello lo alejaría para siempre de ésta Casa, los alejarían para siempre de todos, menos de Diego, que los vería que lo tenía que ver para saber que había pasado cuando él era niño, Joaquín llegó corriendo a los brazos de su madre y tras él viene Andrea y Diego, que ven como Aída da vueltas con su hijo en el aire, sí, Ahora seremos una familia completa Joaquín, conocerás a tu padre, las lágrimas caían en la pequeña cabeza de Joaquín que no sabía por qué lloraba su madre, el también lloraba sin saber nada.
París, Francia, 1999
Los viejos trenes de aquel metro, gastados como los años de Verónica en frías páginas, olvidadas y desteñidas por los viajes, por los diferentes países que recorrió en una maleta, en una cartera, y al sentarse para escuchar las chispas era recordar un viejo tren que pasaba por el sur, como aquel en el que llegó Luis quien sería el esposo de Verónica.
Diego se dirige por la Rue Morgan hacia la casa de Carlos, años que no se veían, los amigos, que alguna vez fueron compañeros de curso, como recordaba Diego aquellas tardes en las que se perdían en el Tabo, en aquellos bosques, viendo y disfrutando de la maravilla en que se convierte la belleza de la naturaleza. Convertidos en hombres se separaron, años en que no se veía, ¿me reconocerá?, se volvía una mar de confusiones
Las calles eran silenciosas que concentraban el ruido de mis botas, los países por lo que viajó Verónica se hacen cada vez más lejanos, cada vez más ajenos, se pierden en el mapa, se vuelven fantasmas, mientras el sonido de las botas se escuchaba, Diego pensaba que su próximo viaje sería hacia Bruselas, allí debía buscar, era el último lugar donde estuvo Verónica en su viaje por Europa.
Bruselas, Bélgica, 2004
Joaquín ve a un hombre extraño sentado en un bar, sin saber que son primos, que son los pequeños que jugaron mientras su familia era detenida, golpeada, y torturada en los años de la dictadura, era Diego, que lo había llamado desde Toronto, tres atrás, un abrazo, le dio y con ello lágrimas de alegría, de recuerdos, de juegos, de infancia caían mientras los gringos bebían sus cervezas, que frío de mierda hace aquí, sí, no he visto en años la luz del sol, recuerdo esas tarde donde el calor de Santiago nos sofocaba y nos bañábamos en la piscinita que teníamos, como olvidarlo, son los recuerdos más presentes que tengo, me he tenido que aferrar a ellos después de que Verónica falleció, pero eso se veía venir, estaba muy mal, la última vez que hable con ella, ya no era ella, su voz era de ultratumba, estaba perdida en sus delirios
París, Rue Saint Jean 2005
Diego que ha llegado en busca de Alicia a París, la vieja amiga de Verónica, toma el metro, mientras va recorriendo las distintas estaciones, éste era el viejo París, el cual quería recorrer junto a Loreto. Carlos que estalla desde un lustro atrás lo recibió en su casa, pero en la mente de Diego habían dos sombras que los molestaban cada vez que salía en búsqueda invisible, blanca, era la sombra que lo perseguía desde que pisó la tierra francesa, ¿llegaré a ver a Loreto en el Arco como alguna vez dijimos que estaríamos?, Carlos que no veía a Loreto desde algunos meses atrás, no pudo responder a la pregunta de Diego, pues no sabía que Loreto ya no estaba en París, sino que está en Barcelona.
Barcelona 2005
Hoy recibí un correo de Carlos, ¿sí?,sí, está muy enfermo, al parecer no le queda mucho tiempo, es posible, imagina que la última vez que estuve en su casa estuvo vomitando sangre varias veces, mientras Diego encendía un cigarrillo Loreto se levantaba y caminaba hacia la cocina en búsqueda de más café, ¿cuándo vas a dejar de fumar?, estás igual que Carlos que fumaba y bebía tanto, cuando tenga un hijo, hace años Verónica me preguntó lo mismo y le respondí igual que a ti amor, ¿no crees que pierdes el tiempo buscando esos viejos diarios de tu abuela?, no lo creo, llevó tres años buscándolos, desde el día en que falleció, fue el día en mi madre me entregó uno de los que había en la Casa, pero sólo son los últimos días en que escribió de su vida, todo fue tan fugaz, sí, es cierto, me costó asumir que ya no estaba en la Casa, y que tendría que viajar a Santiago al funeral, sí lo recuerdo,...¿te acuerdas cuando te conocí? Sí, estábamos en la universidad, llevabas todos esos libros que leías y caíste por estar caminando leyendo uno, fui la única que te ayudó a recoger tus lentes, tal vez fue suerte que lo recogieras tú y no Francisca.
Santiago, La Casa, 2006
Los vientos de París, no se pueden comparar con los de Santiago y menos con aquella brisa de Barcelona o con el frío de Toronto y San Nicolás, pero como me vas a encontrar si me pedieron, tal como los años que llevo encerrados en mis páginas, y sé que estás más cerca cada vez, y que entre más viajes, entre más busques yo más me esconderé de ti, porque éstas historias no son tuyas son mías y de Verónica, sí, de Verónica, no fueron escritas para ti, son mías y no pueden caer en tus manos, y no me importa que me encuentres, sé me encontrarás lo sé y lo tengo más que claro, también sé que me abrirás como cualquier otro que me tuvo en sus manos o como lo haces con cualquier otro libro, pero sabes que no puedes hacer lo mismo conmigo, o que gracia tendría que lo hicieras si toda tu vida está aquí conmigo, sé toda tu vida, la conozco, antes de morir ella, me escribió todo sobre ti, y te conozco sé lo que harás, sé que me quieres y por eso te revuelves en tu cama, porque te duele que no me tengas y te conformas con las caricias de Loreto, que no son tan agradable como la de Nicole, podrás hacer lo que quieras conmigo como lo hiciste con Nicole, y sé que me quieres poseer como lo hiciste con ellas, quieres tenerme en tus manos sucias de ser frustrado, quieres salir de mi juego, del juego que creó Verónica para ti, que creó para la Casa, piensas que ella lo hizo todo, pero no, no fue así, todos eran parte de mí, todos tenían que ser parte mi páginas.
Él estaba más ajeno que nunca a la búsqueda de aquellas páginas perdidas , que le mostraron la verdad de todas las infamias que alguna vez ocurrieron en aquella Casa, desde su nacimiento que era una mentira hasta quienes fueron realmente aquellas personas que lo criaron, ahora que estaba en París, lejos de todos ajenos y siempre con la mirada perdida en algún objeto, trata a Loreto como si ya no fueron más que familia, ya no somos amantes, todo aquel juego se acabó desde que nos encontramos en Barcelona tu allá en la casa de mi primo, todo los viajes no sirvieron más que encontrarme con algo que no deseo, con todas esas verdades que me molestan que juegan en mi mente que me mienten que se esconden tras verdades a medias, no entiendo como nunca me hablaron de nada de lo que pasó, nada nunca fue lo que pensé, nunca estuve con ellos, como quiero que todo aquello, que fueron los viajes, que el tiempo que fue perdido, que la manera de conocer gente que estaba vacía que estaba allí que están acá allá, todos ellos fueron parte de ésta gran mentira, de la obra de teatro que fue mi vida, que buenos actores tuvieron que ser para que nunca viera lo que pasaba.