jueves, agosto 16, 2007

La incertidumbre de Davis-Morrison

La Incertidumbre de Davis-Morrison

Dedicado a Sebastián Pérez.


I

Aquella noche estábamos en el litoral Central, un inverno crudo pasábamos. Llegué por la noche, allá estaba esperando Davis. Sentado estaba, mientras fumaba un cigarrillo barato o caro, eso daba igual para Davis, hace mucho tiempo que lo conocía, habíamos compartido la misma sala en el liceo, la misma adolescencia, y una que otra borrachera nocturna. Caminé hacia donde estaba Davis, ¿Cómo estás?, preguntó, bien gracias ¿y tú? Le respondí, mientras cargaba las maletas por la larga pendiente. Durante la caminata conversamos sobre los músicos y sobre la cruda situación familiar, y la pobreza que estábamos viviendo.

Al llega a la Casona, una casona envidiable por muchos de los vecinos, donde podías ver todo el Tabo desde la altura, ver el ancho y vasto horizonte, todo desde allí aún las playas cercanas. Al entrar a casona le dije que traía unos discos de Quilapayún y de Víctor Jara para que escuchemos, él me sonrió, mostrándome sus blancos dientes que se contrastaban con el color moreno de su piel.

La semana que vivimos allá fue memorable, pero al llegar a Santiago, me encontré con una ciudad gris, oscura, pobre, llena de gritos, de niños que no jugaban en las calles, las risas estaban calladas, recuerdo que llegué a casa y no había nada que comer. Volví después de unas horas con un poco de arroz, para cocinar, y prepararle algo a mi madre, esa noche, fue fría, me dormí escuchando a Silvio Rodríguez mientras escribía algunas páginas.

II

Recuerdo que nos juntamos con Davis, a tomar una cerveza por la tarde en Brasil, pero todo estaba cerrado, ya no había nada, era un desierto, un lugar olvidado, hasta por lo borrachos. Cada día está más difícil vivir en Santiago, comentó Davis, es cierto, respondí, sentía miedo, ése miedo que sienten los niños a la oscuridad, un miedo que entra por los poros como si fuesen peces que entran al mar o el miedo del pescador que sabe que no volverá ver a su familia cuando entra con su bote a pescar. Caminamos hasta la casa de Davis, tomamos un café mientras disfrutábamos de las canciones de Inti-Illimani y Silvio, Davis comenzó a hablar de Tamara, su novia, una joven hermosa que había conocido, la extrañaba hace días que no sea veían, y ella no lo llamaba, se sentía solo, y no podía compensar esa soledad con mi amistad, por que él necesitaba amor, era eso lo que tenían entre ellos, un juego llamado amor. Sus ojos se volvieron llorosos y rojos, ¡como amo a esa mujer!, siento que el tiempo nos ha alejado tanto, que no aguanto más, a veces siento que ella no me quiere tanto como yo, no sé si su familia quiere que ella esté conmigo, me odian, dijo Davis mientras encendía un cigarrillo y una lágrima gruesa bajaba por su mejilla al igual que baja una gota por una ventana cuando llueve. Le temblaban las manos, le temblaban porque no sabía nada de Tamara, le temblaban por que sentía miedo de que no lo amara. Morrison, puedes cambiar el disco, me pone triste esa canción. Aquella noche mientras caminaba a mi casa, pensaba en el dolor de Davis, conocía ése dolor, lo había vivido, pero también lo había olvidado con el tiempo.

Conversamos de lo increíble que había estado la presentación de Víctor Jara y mientras caminábamos nos detuvimos en una plaza, a descansar.

-No sé que hacer, de verdad a veces pienso que esto no da para más- dijo Davis – pero luego la veo y pierdo toda esa desesperanza, y vuelvo a enamorarme como si fuese la primera vez-

Me daba pena ver a mi viejo amigo, así en ése estado, tan incierto, donde él, que siempre fue un hombre si miedos, un valiente, una persona que soportaba todo, pero no, allí estaba, sufriendo.

-Pienso esto, la vida te dio la oportunidad de conocer a Tamara, hombre piensa, ¿todo fue coincidencia?- Le dije mientras botaba el humo del cigarrillo

- No, no, todo fue distinto, algo debe estar escrito, tal vez todo fue destino, pero siempre siento que está conmigo, la traigo en mis pensamientos, en algunas canciones-comentó cabizbajo Davis

-El amor es lo más complejo que existe Davis, allí se mezcla, o se funden las emociones, la complejidad de los amantes y la confianza de la amistad, todo eso está en una sola cosa- Comentó Morrison

-Sabes, Morrison me di cuenta de algo, que no puede haber pasión sin amor, o sea pueden estar las dos por separadas, pero de alguna u otra manera están ligadas- concluyó Davis, como si fueran las palabras de un amante que ha vivido toda su vida buscando el verdadero sentido del amor, un amor que no existe, un amor que trata de fundir en tristes noches estrellas la fuerza abrasadora de la pasión con la explosión boreal del amor, y en mezclarse en las sábanas para poder hacer pintar una obra de arte, pues la música, para Davis, era eso, era amor y pasión, y tenían que entremezclarse, y su deseo era extrapolarlo a todo lo que vivía. Mientras el daba las ultimas fumadas a su cigarrillo Davis se levantó de la mesa y se despidió de mí, triste. Yo quedé sentado pensado en sus palabras.

III

Un martes de Septiembre Davis tocó a mi puerta, cuando abrí, una lágrima de felicidad cayó sobre su mejilla, y se lanzó a abrazarme, está embarazada, Tamara está embarazada, voy a ser papá, creo que yo también dejé caer lágrimas en su hombro. Esa tarde mientras bebíamos vino y nos fumábamos los cigarrillos de contrabando. Conversamos del futuro que lo esperaba como músico si todo salía bien, del nombre del hijo en camino, de la filosofía, de las políticas de Allende, del estado, de la economía, pero sobre todo del futuro, porque eso era lo importante ahora. Porque el futuro era lo incierto, era la mascara del bufón que se llamaba presente, y el pasado es la fantástica sombra que proyecta su cuerpo herido de burlas, pero el futuro no es más que ese tronco inalcanzable del largo camino que recorremos, ése tronco que es sólo una imaginación, una ilusión a la cual tratamos de llegar como si fuéramos valientes piratas que buscan en mitológicos mapas un tesoro azteca, un tesoro escondido en las profundidades de una isla que no existe, y para alcanzar aquel futuro hay que lanzarse como un ciego a la calle, y cruzar las calle, como se lanza un buceador a los misterios de las profundidades del mar, pero sabiendo que jamás llegará al fondo, donde yacen los piedras.

El 11 desperté temprano, puse la radio y no escuché nada, sólo interferencia. A lo lejos logré escuchar una estallido, corrí a la ventana, y a través de los vidrios una ola de humo se desprendía del palacio de gobierno, en ése momento supe que estaba todo perdido, llamé a Davis pero no contestó, lo llamé para que se fuera conmigo, para que huyera del país, pero jamás contestó. Tomé lo necesario para viajar, un par de camisas y pantalones y el único para de zapatos. Como muchos salté a una embajada y vi todos los rostros destrozados y llorosos, los ojos perdidos, las cabezas entre las piernas. Al día siguiente llamé desde la embajada a Tamara, pues el teléfono de Davis seguía sonando sin ser respondido. Hola Tamara, ¿Quién es?, Soy Morrison, hola soy la mamá de Tamara, señora Sánchez sabe algo de Davis, no sé nada de él, y no quiero saberlo, y colgó, sólo atiné a decir vieja facha.

Al día siguiente Morrison ya no estaba en Chile, un avión pasaba el Atlántico, se fue a Europa, donde los aires estaban más limpios. Durante el largo viaje, pensaba en Davis, y recordaba los tiempos de la infancia, los juegos, las muchachas, a Tamara, las canciones, los libros, conversaciones y mientras miraba las cara de los pasajeros, deseó que Davis fuera quien estuviera a su lado con Tamara y pero en su mente sólo pensaba en el pasado y en lo improbable que se había vuelto el futuro.

IV

He vuelto a pisar en mi tierra, he vuelto a llorar por las noches como lo hice en Barcelona mientras el brazo de mi madre, que se había ido años antes de España a vivir con mi tío, debido a su delicado estado de salud y allá tendría mejores oportunidades de salud. Ellos supieron del golpe militar por la señal internacional, ella me daba fuerzas y aliento para olvidar lo que había pasado y lo que había olvidado. Paseo y recuerdo las calles grises de Santiago, pero ahora están llenas de publicidad y carteles, como ha cambiado el césped de las plazas, he tratado de ser el mismo, pero todos los años que viví en Europa me cambiaron, pareciera que algo había muerto. Chile se había convertido en una estación de tren que olvidó los años de dolor. Caminé por el Parque Forestal hasta llegar al Parque Bustamante, llegué a un café que se llamaba Tete, me acodé en una mesa, mientras una joven se me acercó y me ofreció una café, cuando se fue encendí una cigarrillo. La muchacha llegó con el café y me preguntó si era extranjero, me reí, y le dije que había vivido muchos años en España, pero nací en Chile como tú, concluí. ¿Desea algo más?, preguntó la niña, no muchas gracias. Salí del café y seguí caminando por Bustamante, caminé pensando en los años nuevos, en lo que era la juventud, y esa fuerza abrasadora que me había dejado cuando salí del país, y recordé cuando Davis me dijo, que el amor y la pasión no podían ir separadas. Me senté en una banca a observar a los jóvenes que caminaban por allí, y pensé en las conversaciones, en los cigarrillos baratos, en los libros y en los discos que escuchaba cuando me juntaba con Davis y Tamara. Y ahora que quisiera recordar ese Santiago de los 70’, recordar a los compañeros que conocí, y a todos aquellos que murieron defendiendo un ideal, pero yo había estado lejos, y escuchar las canciones y la guitarra de Davis pero, le escribí tantas veces de Barcelona, pero jamás recibí una respuesta. ¿Dónde estaba él?, han pasado más de veinte años desde que no había estado en Chile, y tal como el Santiago de los 70’ de mi juventud, se había borrado de mi memoria lentamente. Davis se estaba convirtiendo en una sombra del pasado, que cada cierto tiempo salía para convertirse en una persona y en nostalgia, como tal como Davis era una imagen del pasado, mi juventud también lo era, todo lo que fui, quedó atrapado en las oscuras calles de Santiago, pero no de éste Santiago renovado, sino del otro donde nací y crecí y viví mi juventud. Pero fui cobarde, escapé, y Davis al parecer prefirió unirse a esa resistencia invisible, inexistente e imaginé en el cuerpo tirado y muerto de Davis, muerto en la escaramuza de la esquina de su casa.

V

Mientras paseaba por el departamento de Francisca, comenzó a recordar como era que había llegado a estar en su departamento, Recuerdo que nos encontramos en una librería donde trabaja en aquel entonces y en la misma época donde comencé a dedicarme de pleno a la escritura, y llegó a mí preguntando por un libro de Historia de Chile, me reí, y le dije que no vendíamos esa clase de libros, le dije que tenía que ir a una librería especializada en Historia, después le pregunté si era chilena, me respondió que sí y sonrió. La verdad es que aquí no tenemos de esos libros, pero yo te puedo conseguir uno, le dije, muchas gracias me respondió y se fue lentamente mientras observaba algunos libros en su pasar.

Así cada semana venía en busca de cualquier libro, con el fin de conversar algo, me gusta conversar con mis paisanos, me decía Francisca. Luego de unas semanas de encuentros casi fortuitos en la librería me comentó que aún no se adaptaba a la vida española, había tenido un par de novios, pero no se lograba adecuar a la vida, tenía muy enraizada su forma de vida chilena. Así los dos exiliados comenzamos a salir para contarse historias de la juventud, ella se convirtió en una amiga, la única persona que lo comprendió en el exilio, y tal vez entendió la soledad de Morrison, o tal vez porque en cierta medida eran parecidos y a la misma vez eran tan lejanos y tan distintos. Con el tiempo se transformaron en amantes, amantes que buscaban sexo algunas noches tras la cena y terminada la botella de vino. Cuando Morrison le comentó a Francisca que iría Chile, ella entristeció, y le ofreció las llaves de su departamento en Santiago, un departamento que era cuidado por un amigo de ella.

VI

Salió decidido a buscar a la familia de Tamara, renació en él la esperanza de que aún vivieran allí, aún creyendo que se encontraría con la joven de veinte años que había conocido en los 70’ y ver a Davis y con el hijo o hija jugando en alguna plaza. Llegó hasta la vieja casa de Tamara. Todo éste tiempo que he estado fuera, lejos de mis compañeros, de mis amigos. Tocó la puerta con terror con sabor a esperanza. Abrió un hombre, casi un anciano, pregunté por la familia Sánchez, y me respondió, que hacía muchos años que él había comprado esa casa, serán unos quince años que vivo aquí, comentó el viejo, y de la familia que la vendió no sé nada de ellos, parece que se fueron al sur, pero sería una suposición, gracias, le respondí. Y me fui.

Visité todos los lugares que alguna vez nos fueron comunes, las plazas, los bares, las tiendas musicales, las librerías que ahora no existían. Eran sólo las sombras de un pasado olvidado, que no volvería, que se había ido, que había sido enterrado y que jamás se podría alcanzar, porque así era el pasado, era una masa gelatinosa, tan frágil que una palabra podía describir el mismo pasado, pero dividido en una amplia gama de versiones que cada una era diferente a la otra. Recuerdo cuando prometimos que estaríamos alguna vez en París, yo lo estuve, pero tú no.

Caminé aquella tarde por una plaza casi deshabitado, a los lejos un joven con una guitarra, pero yo había perdido toda la esperanza, como si hubiera perdido todo, como si hubiera lanzado una piedra al fondo de un pozo oscuro, al cual llamamos olvido, el cual jamás volvería a tener agua, así cayó mi esperanza. Y ésa piedra lanzada sería la que se confundiría con otras tantas que estaban también allí de tantos años atrás. Sin embargo, escuché tu melodía, la última composición que habías hecho, aquel sonido triste como los días que pasan en el sur, con las llevas, y los niños que juegan a ser bravos guerreros entre el barro, los animales y el bosque, pero así era tu música, que pasaba mágicamente de la nostalgia a la felicidad y viceversa, un juego de arpegios y acordes y ahí estaba, tu juego tan real, tan tangible. Recordé que ése el tema que tu componías antes de separarnos, antes de todos estos años, y me acerqué al lugar de donde provenía aquella melodía, y apareció la esperanza de ver tus viejas y tristes manos. Esa era la canción que componías para tu hijo, y cuando vi las manos de aquel joven que interpretaba tu música como si fuera la suya, sentí vergüenza de mis manos, viejas y algo arrugadas, me senté en una banca cerca del joven, mientras recordaba a Davis, estuve recordando el día que tocó a mi puerta y me dijo que sería padre y que lloramos. Cuando terminó la canción me acerqué al grupo de jóvenes, y le hablé al guitarrista, vi en sus ojos un mundo de sueños, la misma mirada idealista de Davis, era como si pudieras ver en aquellos ojos, pasar imágenes, sueños realmente, sólo sueños. Hola, perdón que te moleste, pero te quería preguntar de donde sacaste esa canción, le dije, la saqué de un viejo cassette que tenía mi abuela en su casa y la transcribí. Tuve la impresión de que era el hijo de Davis, perdón me llamó Morrison, soy escritor, bueno no un gran escritor pero me da lo suficiente para vivir, yo soy Nicolás. Mientras conversamos de música, un tema que no conocía mucho, y menos sobre música contemporánea, era un tema del que Davis me conversaba, como éste muchacho, al cual yo escuchaba con gran atención. Le comenté que quería escribir sobre algún músico, es a eso a lo que me dedico le dije, y nos reímos.

Un grupo de jóvenes se le acercaron a Nicolás y comenzaron a conversar con él, me sentí desplazado y lejano, y algo de extranjero, supe que era el momento adecuado para irme, me pregunté ¿qué hace un viejo como yo en un grupo tan joven? Bueno Nicolás fue un placer haber conversado contigo, le dije, espera, toma, dijo Nicolás, y me pasó una especie de panfleto con una dirección, allí voy a tocar la próxima semana para que vengas y escuches buena música, gracias, pagué la cuenta y me fui caminando hasta el departamento de Francisca. Sí, al parecer Davis había cumplido su sueño, alguien tocaba sus canciones, no quedaron suspendidas en el aire como partículas de polvo, como asteroides en la infinidad del universo. Cumplimos nuestros sueños de jóvenes románticos, ser conocidos más allá de nuestros amigos.

VII

A la semana siguiente fui a la dirección que me había dado Nicolás, era un pequeño galpón adaptado para dar pequeños recitales, mesas y sillas una especie de barra y el escenario. Ahí estaba en él, sentado en el escenario con su guitarra y un grupo de músicos que lo acompañaba, de pronto soltó su voz, como un huracán que destruía todo a su alrededor, cuando lo escuché cantar, cerré los ojos, y soñé allí las manos de Davis con su guitarra, No había sido olvidado, era una de las canciones que solía cantar Davis, allí había un joven que lo interpretaba, casi con las mismas sensaciones y con tus mismas emociones, que se te notaban en el rostro con muecas. Perdí el control de mí, y una lágrima se deslizó por mi mejilla, el recuerdo, los años, la vida, me volví a preguntar ¿está todo perdido?, no fui capaz de responderme.

Cerca del escenario, en una mesa solitaria, había una mujer mayor, a ella también se le caían las lágrimas mientras escuchaba la canción. Al terminar la canción bajó del escenario y besó en la mejilla a la mujer, ella se levantó y lo abrazó tierna y cariñosamente. Después de aquella calida escena me dirigí a la dirección donde se encontraba Nicolás y la mujer. Se sorprendió al verme, yo le tendí la mano. Y lo felicité por su fantástica interpretación de “ojos oscuros”, me miró asombrado, ¿como supiste el nombre de la canción?, preguntó, me reí, pero no le contesté, alguien llamó a Nicolás del otro lado, perdón, me dijo voy a ir a saludar a unos amigos, adelante muchacho, y me senté al lado de la mujer. ¿Cuántos años han pasado Morrison?, preguntó la mujer, mientras encendía un cigarrillo, no lo sé, parece que muchos, porque ya hemos envejecido un poco, le contesté. Ha pasado bastante tiempo, que ya ni me reconozco cuando me miro al espejo, dijo, la miré y nos dimos un abrazo fuerte, ¿Cómo has estado mujer? Le pregunté, he estado bien, me respondió. Sentí que mi búsqueda estaba llegando a su final. Nos has cambiado en nada, tienes la misma cara desde a ultima vez que te vi, comentó, tengo más canas, le dije riéndome. ¿Cuándo volviste a Chile?, me preguntó mientras le daba un sorbo a su bebida, estoy de paso no más, llegué hace como un mes, pero me voy el próximo lunes. Un viaje breve, me dijo, y ¿qué ha sido de tu vida, estás casa, soltera? Le pregunté. Me estoy separando de mi marido, me respondió, y le dio otro sorbo a su bebida. Lo siento le dije, no te preocupe Morrison. Sabes porque no vamos a mi casa, para celebrar. Asentí, tomó su cartera y nos despedimos de Nicolás, y tomamos un taxi hasta la casa de Tamara. Al llegar a su casa abrió una botella de vino y nos dedicamos a conversar, beber y fumar, ella estaba más interesada en mí, preguntaba si había sido muy duro el exilio, dónde vivía, si me había casado ya, si tenía hijos, respondí a todas sus interrogantes, le conté los años que viví en Barcelona, los viajes de París, y sobre mi carrera de escritor en Europa. De pronto le pregunté si Nicolás era el hijo de Davis, me respondió que sí, ella me contó lo que había pasado con él, sobre su éxito musical durante algún tiempo, mientras miraba a través de la ventana. Me dijo donde lo podía encontrar, pero que ella llevaba mucho tiempo sin verlo.

VIII

El sábado antes de tomar el avión, fui a ver a Davis, allí estaba él, me senté, lo saludé, y comencé a llorar, lloré mucho. Conversé horas con él, y me dediqué a ver los árboles que nos rodeaban, me puse a recordar viejos tiempos, tantas historias, también vi a tu hijo, es un gran muchacho, compañero, lo vi tocando esas canciones que solías tocar cuando nos juntábamos en la playa, te acuerdas. Le dije que me iba el lunes. Me despedí. Y le dejé el ramo de flores y me fui.

Me gusta ver el amanecer en las alturas, donde yacen las nubes, después de ver a Davis, decidí jamás volver a Santiago, ya no tenía una razón para regresar.

Llegué al departamento de Francisca, toqué y cuando abrió, la abracé. Esa noche dormí en su casa, ella me preguntó como había estado el viaje, le dije que había sido bueno, que había encontrado lo que estaba buscando, ¿Qué buscabas? Me preguntó Francisca, la verdad, busqué la verdad, le dije.

A la semana de mi vuelta una carta llegó, era de Chile, la había enviado Nicolás, en su interior un disco, lo puse en el equipo musical, y lo escuché. Era el disco que había grabado Nicolás con su banda. Luego leí la carátula del disco, “El susurro del tiempo”, homenaje a S. Davis. Francisca me dijo, a quien escuchas, a Davis, le dije, a Davis, me agradó mucho, dijo Francisca. El era mi amigo, mi amigo que era músico, eso es lo que busqué en Chile. Francisca me miró, sonrió y me besó.

miércoles, julio 18, 2007

Un electroshock a lo que eramos hace casi un año...

Ha pasado casi un año en que trabajo en un proyecto, un proyecto para llamar la atención para crear un movimiento que fracasó tal vez de eso se traten de los movimientos y la literatura en general, del Fracaso. Siempre dije que lo terminaría para el Bolaño, pero no pude...

Historia de Diego...

13 de Febrero

Hoy por la mañana se fue Diego, nadie supo, nadie lo vio, sólo notamos su ausencia en el almuerzo. No nos escribió ni nada, así era Diego, una persona arbitraria, que se deja llevar por el viento que mueve las hojas.

20 de Febrero

Llamó Diego, saludó, y dijo que estaba bien y que no nos volveríamos a ver. Lloré, Andrea también.

Estos días he visto su habitación, dejó todo, sólo se llevó unos libros. A veces lloraba cuando veía algún retrato de él, aunque había pocos de él, nunca le gustaron las fotos, y la que salía toda la familia con él, fue la única que se llevó.

10 de Abril

Ha pasado más de una año desde que se fue Diego, a veces llama, pero nunca dice donde está, sólo pregunta…

En algún lugar, Diego recorre las calles ya olvidadas, su vida anterior y construyendo algo semejante a otra. Los de la calle le llaman el Huerfanito, pues nadie sabía quienes eran sus padres, había aparecido con una mochila, un abrigo y unos guantes rotos, eran tan mendigo como con los que comían, así se le podía describir.

Aquella noche en la que llegó se sentía vacío, había escapado a su pasado o por lo menos eso creía Diego, pero de alguna u otra manera él sabía que no se puede escapar al destino que nos consume lentamente como las llamas que envuelven a la leña. El frío traspasaba las ropas que traía Diego, sus manos rojas y las rodillas congeladas, no pudo caminar más de cuatro cuadras cuando vio un grupo de viejos que se refugiaban entre cartones y frazadas viejas y una fogata pequeña. Caminó hasta ellos y se sentó sin decir una palabra, sólo vio como lo miraban y como lo hacía entre ellos, diciéndose ha llegado otro más.

Pude ver la desesperanza en los ojos que se cubría con el humo de los diarios quemados y los cartones, las manos cubiertas de tierra y también allí estaba yo, noté que a uno le faltaba un ojo, cosa que me llamaba la atención pero trataba de no mirarlo, mi deseo no era llamar la atención sentarme allí pasar la noche y seguir, seguir nuevamente en éste viaje que no tiene fin, o tal vez alguna vez lo tuvo, pero ahora estoy solo conmigo y es lo que necesito, no necesito nada más, necesito alejarme de lo que me hace daño, para al fin encontrarme conmigo mismo, saber lo que quiero…Lentamente se fue durmiendo mientras el calor llegó a su cuerpo delgado

A la mañana siguiente alguien lo movió y le dijo, hijo nos tenemos que ir, Diego se estremeció al ver la cara del tuerto, y éste se rió mostrando sus roídos dientes amarillentos, vamos cabro chico que la gente ya está llegando, ¿cómo te llamaí?, eso no importa mucho aquí o si, le respondió Diego, en verdad no tiene ningún valor como te llamí, pero por último pa’ saber como te dicen, dijo mientras sacaba un cigarrillo y lo encendía el tuerto, me llamo Diego, y soy de Santiago, otro santiaguino más, dijo otro que se acercaba y que estaba atento a la conversación entre el tuerto y el joven. Se levantaron y recogieron los cartones y los enrollaron para luego irse a algún lugar.

Esa mañana el tuerto le invitó una café barato al joven, y el último el conversó algo de su vida, a lo que el tuerto sólo asentía, no opinó en toda la mañana.

- Bueno aquí los chiquillos me dicen el Tuerto- dijo – bueno ya te habrás dado cuenta porqué-

-Todos tenemos nuestras historias- Dijo Diego

-Si y cada una es distinta yo llegué acá porque vi como mi mujer se acostaba con mi hermano – comenzó a contarle el tuerto- no aguanté y los acuchillé allí mismo.

- La verdad es que ni me arrepiento de la huea, pasé unos años en la cana- dijo mientras Diego le ofrecía un cigarrillo

- Era un día viernes y yo venía de la pega- dijo y encendió el cigarrillo – yo tenía toda la tincaba que me estaban poniendo el gorro, pero no nunca con mi propio hermano-

- Oye huerfanito si es la pura verdad lo que te digo- le dijo a Diego que lo miraba con ojos extraños- si yo era muy hueón trabajaba hasta muy tarde-

- Cuando me recibí de sociólogo puta que era bueno, y tuve que tirar todo por una puta, ya después nadie más me dio trabajo- dijo mientras se tomaba la cara como si fuera a llorar y después de eso escupió.

- Mi vida después de eso fue una mierda, nadie me dio pega me echaron de donde vivía y terminé en la calle- fue lo último que dijo.

Terminaron el café y se fueron caminando lentamente, es cierto, Diego había dejado su vida atrás, había dejado de ser él, como cada uno con los que dormía en las noches, ahora se había convertido en el Huerfanito, pues se decía entre los mendigos que había llegado y que nadie sabía quien era su padre ni su madre, sólo llegó una noche fría de verano

Aquel tiempo para el Huerfanito fue duro, le duele ser real, decía el Tuerto al Quiltro (que era una mezcla de colores y razas que nadie entendía sólo el Quiltro). Si bien el Tuerto fue como un padre para el Huerfanito en la calle, poco a poco se fue desligando de él, aprendió lo necesario de él y algo más para resistir las lluvias y el hambre.

Cada mañana sale y nadie sabe pa’ onde va, dijo el Quiltro, debe ir a robar algún libro, vo sabí que tiene una manía por leer, le respondió el Tuerto, ese cabro va a lograr que nos echen de aquí si lo pillan, gritó el Quiltro. El Huesos que los miraba desde lejos, se acercó al Tuerto, le tocó el hombro y dijo, el Quiltro tiene razón y vo lo sabí, es muy irresponsable para que viva con nosotros. Se sorprendieron cuando escuchado decir, una vida silenciosa, sin molestias ni ataduras llevamos aquí, dijo el Huerfanito. El Quiltro que lo había visto llegar le dijo, vo creí que eso te da el derecho de darle motivos a los pacos pa` que nos echen a todos de acá, mira hueón, ésta es una advertencia no más la próxima no te va a salvar nadie

martes, julio 03, 2007

El silencio Macabro

El Silencio Macabro

A una Chica

El silencio es como una vida, llega para luego irse

Tan breve y tan lejano que no logras captar su esencia

Se envuelve como si fuera una diabólica maraña

Que atraviesa las rocas y los árboles.

Mientras los delgados labios tratan de decir algo

Él llega y arrebata cualquier indicio de sonido

Consumiendo todo a su alrededor en un fuego oscuro

Que alimenta nuestras olvidadas vidas pasadas.

Y el lenguaje se vuelve un campo extraño

Donde las palabras perdieron todo valor

Ahora los gestos, las muecas, las sonrisas

Los llantos y las carcajadas, todo se ha vuelto silencio

Pues es el reino del silencio donde habitamos

E inventamos el sonido para transmitir la esencia más pura

Que sólo habita en nuestras almas.

Si logras sentir el silencio amargo de las vidas pasadas

Es que aún

Se siente el olor amargo del vino

Mientras se consume la última vela que tenemos

El silencio es como una llamada de auxilio

Y las caras que apenas se ven, pero se escucha su respiración.

Una suerte de fuerzas antiguas nubla mi mente

Me lleva a viejos rincones que pisé en otros tiempos

Rincones que alguna vez pensé que no pisaría.

Mientras ráfagas de viento mueven los cabellos

Se mezclan los aromas, originado nuevas esencias

Que son recordadas por años, y pasan de vida en vida

Ahora que hemos vivido como si un dios

Nos hubiera condenado al más cruel castigo

Que hemos llamado soledad.

Me detengo a mirar la profundidad del cielo

Veo en el tu ojos oscuros,

Pero es sólo un engaño, una ilusión, como tantos otros que he vivido

En éste exilio que ha durado tantas vidas

Al fin he sentido un lugar donde pueda vivir,

Tal vez le pueda llamar hogar algún día,

Después de habitar múltiples bosques y playas

Donde he sido un extranjero más

Desde Aquí donde viví años, y vidas anteriores

La luna, intento verla más brillante

Le ruego que me acompañe en mi soledad

Y calme ésta amargura, que sube por mi pecho

Como si llegara la ahora de la más triste despedida.

lunes, marzo 05, 2007

Algo nuevo para ayer

Una Historia Para EL TANGO

“¿Dónde estarán? pregunta la elegía
De quienes ya no son, como si hubiera
Una región en que el Ayer pudiera
Ser el Hoy, el Aún y el Todavía”

Jorge Luis Borges

Y como el último tango que se toca en la noche

Volverán a callar los Cuatreros

Que se encuentra en las calles de Buenos Aires

Muertos por el puñal de la noche

-Iras vagando como jinete perdido en la sierra-

Que derrama la sangre del miserable

-Y alguna vez fuimos gauchos-

Y fumando y bebiendo aguardiente se iban

- y recuerdas que te dije que morirías-

Como las sombras que escapan del sol.

-tal como debemos morir los cuatreros-

Encerrarías en el ayer la muerte

-Si he de morir será con otro-

Y al miedo lo enterraste con el puñal

-no hay salida para el cuatrero-

En las carnes de tu hermano

-sólo la muerte lo libera de su destino-

Y así fue como debía morir

- somos criminales de la sierra-

Porque su sangre te liberaría.

Volverá el puñal a su dueño

- El tiempo siempre nos ha condenado-

Como el borracho al bar de la esquina

- somos los Cristos de la pampa-

Y el sueño a la noche de tu crimen

- recordás que la última noche fue la más silenciosa-

Que se muestra como el ayer en los arrabales de Buenos Aires

- y la más fría en la sierra-

Con sus peleas al son del tango de olvidos y recuerdos

-que no conciliamos el sueño ni con la bebida-

Que se encuentra en las viejas calles

- fue el tiempo quien te atrapó-

Aquellas calles que muestran al vagabundo

- que nos hizo lo que somos-

Soñando con los crímenes y bebiendo el vino amargo

- como un Cristo pagás ahora-

Ahora no eres más que una historia

- Lo sé, nunca fui bueno-

Que no será ni del tango, serás un cuento

- pero la sangre derramada no debe pagarse con el puñal-

Un hombre que se imagina, que sale de boca en boca

- con ése puñal que derramó tantas vida-

No eres más que una creación que no será parte del tango

-ojo por ojo, puñal por puñal-

Ya no estarás en la sierra, libre.

Nadie recuerda tu rostro, tus manos

- Soy un fantasma más de las calles-

Nadie hablará de vos, más que en historias de ebrios

- seré un gaucho más muerto por cuatrero-

Nadie recordará ése puñal fatal

- Con mi sangre se perdonará la muertes-

El olvido te nublará, ni la sierra recordará tus rastros en la tierra.

Una ciudad oscura, en sus sucias calles

Esconde mitos y leyendas de hombres inexistentes

Seres que el tiempo ha tragado como agujero negro

-Dejás de ser el personaje de la pampa

Volverás a la mítica escuela de la calle

Con ese puñal bajo la camisa-

Aquí, no hay héroes, sólo

Las palabras y el puñal

El asalto y la noche fría

Donde no queda más que el olor a la sangre mezclada

Con la pólvora y el sonido de la bala

Tímida, infalible y asesina

-Alguien en el recuerdo toca en Buenos Aires

Un tango

Recita tu historia

Un cuatrero, el puñal y la muerte-

Alguien baila (en los acordes

Se escuchan historias de nuestras vidas)

Como un tango enfermo

Un bandoneón que dejó olvidado

En perdidas calles, las miradas

Que provocan escalofríos en los muertos del tango

Y el puñal.

lunes, febrero 26, 2007

La Escuela Del Crimen

Era peor que una cárcel, aún allí hay ciertos códigos de honor, aquí no había más que una regla: el más fuerte sobrevive. Cada día se podía decir que alguien caía en medio de la oscuridad o de la luz. Que importaba cuantos cayeran en la noche, más importaba quien los botaba, quien era aquel que una noche cogía el arma, el puñal, un revolver, un estoque, algo que dará muerte en las calles. No es simple vivir en estas calles, eso bien lo sabía B, tal como muchos el también pertenecería a la secta de la muerte, o tal vez sería una más de los cuerpos que noche a noche aparecían en las casas o tirados por las calles.

B era uno de estos jóvenes que no tendrían futuro, él mismo lo sabía, por eso luchó por un lugar en los fríos callejones. Cuando conocí a B, nunca llegué a imaginar cual era la máscara que ocultaba ése pequeño rostro, un rostro que mostraba la ingenuidad de la juventud, un rostro que cambiaría y se perdería. La tarde que conocí a B, vi el lugar que sería el tribunal de muchos jóvenes de aquella población, las mismas calles, que vieron crecer a muchos que ya no están.

-¿Cuál es tu nombre niño?- Preguntó con ése tono molesto

-B, Señor- Respondió con los ojos mirando al piso o la muralla

- Bien, B, cuente cuantos niños hay en esta sala- Ordenó

-Sí, señor- Respondió mientras su mano comenzaba a encuerar a cuanto niño había en la humilde sala.

Mientras, Marcos veía por la ventana enrejada como jaula de pájaro, le hubiese gustado estar en otro lugar, otro ambiente, no correr por el bus, no tener que salir con miedo a cada joven que reprochaba o por los castigos. Ya se había visto envuelto en problemas con los alumnos, cuantos niños lo amenazaron cuantos otros no lo esperaron fuera de clases con armas, dios, si sólo hubiera un escape de aquí, si sólo hubiera un sentimiento de paz, si sólo se pudiera caminar por aquí con la seguridad de que no habrá alguien en la esquina que desea tu vida, muchos de aquellos pensamientos pasaban por la mente de Marcos cuando miraba a aquellos niños o jóvenes.

Por las tarde B se juntaba con sus amigos a tirar piedras en el canal o ver a las chicas pasar por las plazas. Su hermano, C, 4 años mayor que él, estaba en la cárcel, esperaba sus últimos días para salir, encerrado por trafico de sustancias ilícitas cuando B tenía diez años, rogaba cada noche salir para matar a quien lo había traicionado, su mejor amigo, la traición es una palabra común en estos callejones, se mezcla con la confianza y con los negocios. B que era un niño cuando arrestaron a su hermano, vio como fue baleado, vio como su hermano resistió a los policías, Ahora era un joven de dieciséis años. B nunca se quiso involucrar como su hermano en los negocios del barrio, quería salir de esas calles, de esa escuela del crimen, de la muerte. B solía mirar por la ventana por la noche y ver los juegos del crimen en la esquina. Por otro lado C miraba desde la pequeña ventana, pensando en la venganza.

Meses después C salió de la cárcel, con el pelo corto, como otro, sus ojos se habían vuelto grises, su mente ya no respondía a los estímulos de la alegría, se había mimetizado con el color de la cárcel, de las rejas y el único azul que conocía era el de los uniformes de los policías y del cielo. B, cuando vio a su hermano corrió a su encuentro, C no lo reconoció. El barrio ya se había enterado que C saldría de la cárcel ése día, M, estaba intranquilo en su casa, sabía que él vendría por venganza. Los años habían cambiado a C, y M se había vuelto poderoso en las calles, después de los pequeños negocios, pasó a grandes, contactos en el extranjero lo ayudaron a surgir y controlar la pequeña población y las contiguas.

-¡Hermano!- gritó B

-Pequeño B- dijo C, mientras abrazaba a su hermano.

C caminaba por aquellas las calles y callejones, sabiendo que M estaría preparándose con sus hombres, pensando encontrar a sus viejos amigos, algunos que ya habían muerto por las armas de M. G caminaba por un oscuro pasillo, al final, una habitación, allí estaba M fumando un cigarrillo.

- Jefe, el cabrón salió de la cárcel hoy- dijo G

- Lo sé, lo sé hueón- dijo M mientras fumaba su cigarrillo

- ¿Qué vamos a hacer?- Preguntó G mientras sacaba un cigarrillo y trataba de encenderlo

- Esperemos que el primer paso, luego vamos nosotros- Dijo M -Debí haberlo matado cuando pude a ése perro. Ahora sé que se vengará con la furia que tiene desde estos seis años-

- Cuando quiera cagamos al perro, Jefe- Dijo G

- Que el puto se nos acerque, no nos moveremos sin antes saber lo que quiere- Dijo M apagando el cigarrillo.

El lunes por la mañana B salió con su hermano, C iría a buscar trabajo, pero sabía que no tendría oportunidad, los seis años de cárcel lastimaba su vida, como una llaga silenciosa que se abre con las palabras, con los recuerdos con la venganza. Marcos que había comenzado su clase vio desde lejos a su antiguo alumno, al principio no lo reconoció, pero al estar acompañado con B, supo que era él. El miércoles por la noche, C sabía que no encontraría trabajo, se resigno. B lloró esa noche. Marcos se sentó en la cama, no podía dormir, fumó hasta que no tuvo más cigarrillos. C tomó la decisión de buscar a M y aclarar viejas cuentas, cuentas que no habían sido borradas ni con la cárcel, ni por el barrio. M estaba follando en un motel con una puta, mientras G vigilaba con otros hombres, todos armados.

El primer viernes Septiembre, C salió a buscar a su hermano al colegio, traía un arma en su mochila. Le entregó el arma a B y salieron juntos. Los auxiliares no vieron nada.

- Necesito que me ayudes B- dijo C mientras abría la mochila y cogía un arma – quiero matar al maricón de M-

- Dijiste que no volverías a meter con ése hueón otras vez- decía B mientras sus ojos se llenaba de lágrimas.

Ambos sabían que no se volvería a ver.

miércoles, febrero 14, 2007

Borges y Piazzolla, más allá de amistad o enamistad, el Tango

No sabrí decir bien cuando fue la primera vez que escuché un tango, podría decir que fue cuando vi "Perfume de Mujer", gran película, tampoco recuerdo cuandofue la primera vez que escuché a Piazzolla y su bandoneo, lo que si recuerdo es de Borges, cuando leí "el aleph", una antología de cuentos tremenda, llena de mitología, llena de historia falsas y reales a la vez, páginas del Borges que desea, que miente, que dice la verdad. Una conjugacion de la realidad que está en un mundo inexistente asi como Thlön.

Pero que diblos, a Borges le encantaba eso de lo oscuro de Buenos Aires, la cultura popular de las calles y creo que a veces la odiaba. En sus poemas se encuentra lo que es la Secta de la Daga. Su pasión por el tango, por ése ritmo que se escucha en las calles, por esa mitología de criminales inexistentes que son tema de muchos de sus cuentos, Historia universal de la Infamia.

Piazzolla. Gran compositor, integra lo clásico a un ritmo popular( si es que se puede llamar así) es como escuchar una cumbia con toques de múscia clásica.

Cada uno destinada a ser de los mejores, pero cuando se conocen, se conocen por la pasión del tango.

Borges decía: "En un diálogo de Oscar Wilde se lee que la música nos revela un pasado personal que hasta ese momento ignorábamos y nos mueve a lamentar desventuras que no nos ocurrieron y culpas que no cometimos; de mi confesaré que no suelo oír "El marne" y "Don Juan" sin recordar con precisión un pasado apócrifo, a la vez estoico y orgiástico, en el que he desafiado y peleado para caer al fin, silencioso, en un oscuro duelo a cuchillo. Tal vez la misión del tango sea esa: dar a los argentinos la certidumbre de haber sido valientes, de haber cumplido ya con las exigencias del valor y el honor".

Sin lugar a dudas, los cuentos de Borges, están llenos de aquellos hombres oscuros, criminales, sospechosos, los oscuros callejones de Palermo, de Buenos Aires. Realmente en las historias de Borges, se conjuga una mitología del crimen, la misma "Historia Universal de la Infamia", la cual es una serie de relatos de delincuentes, crminiales, farsantes, mentirosos.

Piazzolla, desde muy niño se veía que sería una buen músico, un excelente músico. Cuando
empieza su carrera, comienza a renovar el Tango. La integración de movimeintos de música clásica, lo llevó a ser recordado y odiado, sobre todo odiado, por estos nuevos elementos en su música, los criticos negaron la clasificación de Tango. Que sucedió en ése momento, que pasó por la mente de Astor Piazzolla, así que tuvo que responder a los viejos "tangueros" y criticos con un estilo nuevo, con música contemporánea de Buenos Aires. Un bandoneón y una orquesta le seguían en los oscuros cafés de Buenos Aires.

En 1965, Jorge Luis Borges, Astor Piazzolla y su Quinteto, Edmundo Rivero y Luis Medina Castro se unieron para registrar el disco "El tango". Con el pasar de los años, después de algunos roces, Piazzolla, se fue alejando lentamente de borges y Borges de Piazzolla, ambos alcazaron su fama. Piazzolla fue el único que quizo o trató de refutó a Borges, sin embargo, la amistad tenía algo más en común, algo que trascendía más allá, del tiempo, que era el gusto por la música y el arte.




jueves, enero 04, 2007

Recuerdo que...

Rercuerdo que había leido a Isabel Allende, y que me había gustado "la casa de los espíritus" y estuve un tiempo obscecionado con ella, recuerdo que también ése año entré a 1°medio y que me creía rey del universo por estar en media, recuerdo que me enamoré o creí estarlo, recuerdo que conocí gente muy genial ése año, y que hice amistad con otros que aún tengo de amigos, recuerdo que ése año leí poco. Recuerdo que odiaba a mi curso porque todos eran unos idiotas hijos de papá, monos inconcientes de la vida, recuerdo que ése año llevaba dos años después de un accidente que casi me mata. Recuerdo que me encantaba la música de los punk, que quería ser punk, que no me gustaba el sistema, recuerdo que despreciaba a la gente que no pensaba.

Recuerdo que en 2° medio, conocí a más compañeros y que toqué en na banda y que me gustaba mucho la música, y quería ser músico. Recuerdo que ése año conocí a la Romiss, recuerdo que me reía con ella bastante, recuerdo que ése año comencé a leer a Cortázar y Carpentier, y que me enamoré de los cuentos de Cortázar, recuerdo también que ya no toqué más esa banda, se fue. Recuerdo que ése año fue bueno, y que ése año me integré al taller literario de mi colegio.Recuerdo que comencé a escribir, quise hacer una novela, pero también escribí poemas, poemas mamones, poemas que creía que eran bueno, pero eran un mierda. Recuerdo que comencé a leer Rayuela, jamás la terminé. Recuerdo que comencé a llamar a mi curso Lumpenhund, comencé a leer Out the Night, de Jan Valtien, recuerdo que tampoco la Terminé, recuerdo que ése año llegaron mis primos de Bélgica y que pasé un cumpleaños solo, sin quejarme de nada, recuerdo que leí la Nube del sin saber, un libro de filosofía, leí las primera treinta páginas y lo odié. Recuerdo, que tuve tendinitis y que la kinesiologa era una mujer interesante, bella e inteligente, algo mayor sí. Recuerdo haber llorado tarde, en Buin y hablar de la vida con un amigo, recuerdo que casi no llego a su cumpleaños, recuerdo que traté de amar, y no pude. Recuerdo que era de izquierda, una izquierda bastante utópica.

Recuerdo mi primer día de científico, lleno de dudas, recuerdo que comencé a leer más, a escribir más, sobre todo poesía, recuerdo que me encantaban las clases de filosofía, ver a un tipo tan hambriento de conocimiento y tan culto, recuerdo que seguí escribiendo sólo poesía, y que conocí leí a Demian, ése año, no hubo libros que me marcaran, más que la metamorfosis, ése año leí cuentos de Kafka, también me obscecioné con él, recuerdo que Diego me mostró la revista de libros y dio a conocer a Bolaño, no pesqué. Recuerdo la exposición de Dalí, muy buena, y que me comí un Dalí en chocolate. Recuerdo que me fui de Gira y compré varios libros, uno era un regalo, y que ganamos la semana del colegio ése año. Recuerdo que vi, la obra de Diego, el poeta, me gustó, recuerdo que hubo un momento en que casi lloré, más bien dicho, se me cayeron una que otra lágrima. Recuerdo que escribí poesía para la revista. Recuerdo que conocí a mi padre, recuerdo que lo odié.

Recuerdo que leí "cien años de soledad" y la volví a reeler, leí la "Ciudad y los perros" y algo me dijo que debía leer a Bolaño, y léí a Bolaño, y me encató, y también leí más a Kafka, y a Donoso y a Camus, y también leí a Carver, a Couve, a otros que ni recuerdo. Recuerdo que conocí a una chica interesante, recuerdo que me enamoré de ella, nunca le dije que ella era la Maga, recuerdo que nos separamos, recuerdo que quise morir y morí o creí eso,pero volví, recuerdo que escribí un poemario, se lo dediqué a la Maga, recuerdo que leí 2666, y que leí a Sidharta, y que leía a Nietzsche, y que aprendí a leer las cartas, recuerdo que conocí a la Lore que era un mujer bastante singular, me encantó de verdad, a Yoyi una persona que quiere conocer y conocí a Elisa, otra persona interesante y a la Maka, una mujer singular sin luga a dudas entre ese grupo de preu que detestaba y que dejé de ir por mucho tiempo. Recuerdo que hablaba mucho de literatura con la profesora, una mujer encantadora, bella de verdad, la vi una vez leyendo a Bolaño, creo que eso me gustó más aún, recuerdo que tuve otro profesora también interesante, una buena lectora, recuerdo que participé y gané en el concurso de poesía en mi colegio, recuerdo que comencé a escribir una novela y que imaginé al Adane, y ahí está. Recuerdo que lloraba en las noches, que leía Onnetti también, recuerdo que deseaba morir o deseaba desaparecer, perderme en el sur. REcuerdo que viajé al Tabo con un gran amigo, dos grandes amigos, recuerdo que llovía y fumaba en las rocas. Recuerdo que conocí a Manuel García. Recuerdo que toque Saxofón, recuerdo que aún a veces estoy enamorado. Recuerdo que fui actor en la obra humanista, recuerdo que me emborraché por sentimientos y por olvidar, recuerdo que conocí gente muy buena, recuerdo que decidí vivir los días intensamente. Recuerdo mi fiesta de graduación y la despedida. Recuerdo muchas cosas, pero también quiero olvidar otras.

sábado, diciembre 30, 2006

Una nueva Mirada: Víctor Jara Sinfónico

Un gran amigo me invito éste miércoles al evento de Víctor Jara Sinfónico, me varias impresiones.

1) Después de mucho tiempo, digamos 5 ó 10 años, o quizás 15, no había un cambió o mejor dicho no había un enfoque en la visión musical que había de V. Jara, es decir, que no se sabía de su música en otro estilo. Aquí se vió una suerte de esfuerzo entre los interpretes y director, a pesar que los arreglos musicales a veces tendían a lo grotesco si se puede decir así, pero aquello no es de éste post. Una nueva mirada que se le dio a la música Chilena folclórica, se agradece mucho por la valiosa interpretación, que no estaba en lo mediocre pero que no está a la altura del mismo Víctor Jara y su guitarra.


2) Creo que se me cayeron más lágrimas de las que esperaba, recordar situaciones, recordar momentos, se me viene a veces a la cabeza "el viejo comunista", hubo una buena mezcla entre lo emotivo de la música de V.J. y lo potente y nostálgico que tienen las sinfonias, momentos que no deja pasar al tiempo. Puedo decir que es una mezcla valiosa, pero que no alcanza la interpretación del mismo V.J. o de Inti-Illimani, a pesar que los violines o el contrabajo, le daba una aire de cambio, o una especie de complicidad que hay entre la letra y la música propiamente tal, que debe ser esencial en cada canción, sobre todo cuando estamos hablando de V.J. por la calidad de sus palabras y la profundidad que tiene mucha de sus canciones o mejor dicho el sentido de las palabras que tienen.

3) Manuel García como solista me encanta, me emborracha, me vuela, me mata, junto a su banda, me quiebra las piernas, me roba el alma, como interprete de V.J. deja mucho que desear. Vi a un Manuel García que no llegaba a la voz de V.J. a pesar del esfuerzo, una voz que no está a la altura de V.J., una voz que es grave, una voz que parece que sale de las entrañas de la tierra, una voz que parece que viene de ultratumba, pero Manuel García tiene una voz viva, recuerdo mucho a Silvio Rodríguez cuando lo escucho, sin decir el parecido que tienen sus canciones del álbum Pánico, en estilo y en temas de las canciones: Amor. Puedo concluir que Manuel García se esforzó por hacer una voz que no va con él, a pesar de las desafinadas que hubo en algún momento, y la aparente integración en destiempo, y lo inquieto que estaba durante la presentación, a pesar de todo aquello fue una buena presentación, donde quedó a medias el desempeño de Manuel García.

4) Hubo algunos comentarios para destacar: "esto es para los hijos de Lavín" ; " Víctor no se merecía esto". En un acto de ésta indole es verdad que parecía una presentación para gente con alto status: "música clásica", pero es la nueva mirada que hay dde V.J. en la música, creo que ha de ser uno de los hitos más importantes, llevar la música popular a uno de los niveles más altos de la música. Y V.J. se merecía esto, es uno de los mejores musicos que tiene Chile, y llevar su música a otras miradas, que no son grotescas y no son música que suelo clasificar como mierda o música basura, sino llevar a algo má sublime, más sentimental, belleza en el fondo, cabe rescatar la música, sea cual sea el estilo, se llevo la música de V.J. más allá de lo que siempre imagine. Es un homenaje en el más puro estilo de otro tipo de música, diferente a la V.J..

5) Manifiesto, una de las canciones que V.J. compuso mientras veía a las juventudes cambiando, veía que la juventud se iba perdiendo, iba perdiendo sus sueños, no recuerdo el año de la composición, pero me sugiere por los años 70', "...que el canto tiene sentido, cuando palpita en las venas del que morirá cantado...". Esto debe ser el motor de cada música, sentir la pasión, pasión que he visto en pocos que hacen música.


6) Los temas instrumentales, fueron los temas más destacados de la toda la noche, una mezcla perfecta, entre un charango y la quena y los violines con los platillos. Una buena partida.

7) Cabe destacar que no estaba presente Joan Jara, la esposa de V.J., no sé por qué.


8) Creo que también faltaron temas que son recomendable de V.J., sobre todo "Vientos del Pueblo", una canción que tiene un estracto del Poema de Miguel Hernández, que habla de España y sus tierras, mientras está la Guerra Civil, o tal vez antes, no tengo muchos antecedentes sobre el poema.


Manifiesto

Yo no canto por cantar
ni por tener buena voz
canto porque la guitarra
tiene sentido y razon,
tiene corazon de tierra
y alas de palomita,
es como el agua bendita
santigua glorias y penas,
aqui se encajo mi canto
como dijera Violeta
guitarra trabajadora
con olor a primavera.
Que no es guitarra de ricos
ni cosa que se parezca
mi canto es de los andamios
para alcanzar las estrellas,
que el canto tiene sentido
cuando palpita en las venas
del que morira cantando
las verdades verdaderas,
no las lisonjas fugaces
ni las famas extranjeras
sino el canto de una alondra
hasta el fondo de la tierra.

Ahi donde llega todo
y donde todo comienza
canto que ha sido valiente
siempre sera cancion nueva.

martes, diciembre 26, 2006

¿Trascender, Ego, o Exhibicion?

Hace algún tiempo ya, después de la discusión entre generaciones por el post de Lehuede, me quedé pensando algunos días y casi algunas semanas, sobre que era lo que hacía un escritor o un aspirante a ellos cuando escribe y encontre una frase de Fresán: el espejo.

Muchos escriben en la soledad, están allí sentados frente a un papel o una pantalla, con una idea, la cual se deja fluir, la cual se trabaja con el tiempo, la cual se destruye y se vuelve a retormar, recuerdo que Cortázar decía que estamos en busqueda de una cuento perfecto, pero cada vez nos alejamos más de el al escribirlo. La idea con el tiempo, con la busqueda se empieza a destruir sola, me ha pasado que tengo una idea de una cuento, comienzo a escribirla y luego ya no está es otra, entonces llego a creer que los cuentos son reflejos de nuestras obseciones, nuestros sueños, nuestras pesadillas, lo que no queremos muchas veces mostrar, o que sé yo. Existe un combate entre aquella hoja blanca que se va llenando y nuestra idea, la cual se va a alejando poco a poco de lo que era en verdad.

Que es lo que buscamos cuando escribimos, es ése espejo del que habla Fresán, la busqueda de la sensación que nos provocó leer alguna novela, algún poema, o algún cuento, es que queremos revivir esa sensación en los otros, maravillarlos, y que nos digan escribes bien, no lo dejes. Buscamos crecer en la literatura, pero también buscamos que nos alaben, es una cuestión de ego , de decirse así mismo soy bueno, me destaco en esta huea, soy mejor que algunos. Debes en cuando debemos matar nuestro ego, para volver a maravillar, no sé, en la busqueda de la buena literatura, del cuento, de la poesía, de la novela. En todas ellas, hay algo de nosotros, de nuestro alter ego, algo no podemos hacer, algo que está oculto.

Tratamos de maravillar con lo que hacemos, tratamos de quedar en la historia, tratamos de buscar que nos alaben, nos exhibimos cuando podemos, decimos, "yo escribo", para sorprender y para enaltecernos, para seguir escribiendo, hay algo de exhibicionismo en nuestras obras, en todo, y estamos en la busqueda de ser reconocido o quizás nunca lo seamos, pero buscamos eso, es lo que deseamos, aunque no lo digamos eso es lo que nos motiva a veces, exhibirnos para con los demás en la busqueda de ser escritor o que sé yo.

domingo, diciembre 24, 2006

Historia de Diego

La historia de Diego

Ahora, desde aquí extraño la lluvia que caía lentamente en Santiago, a pesar que la lluvia de París fue la que siempre quise tener bajo mi paraguas. Tantos años que he estado aquí trabajando y buscando la verdadera historia de mi familia.

Por la lluvia de París camina Diego con el viejo diario de su abuela Verónica. Camina como si fuese los últimos pasos de su vida, pues ya ha encontrado lo que buscó por años en Europa y en Canadá.

Andrea que llevaba muchos años en Chile, recuerda poco de su hijo que viajo ya hace años viajó a Canadá, para encontrar el diario de su abuela, buscar las historias que nunca contó por temor, vergüenza o por la misma familia para mantenerla siempre unida como lo era. Después de la muerte de Verónica, Andrea le habló del diario de su abuela, le cuenta que se perdió ya hace muchos años cuando la vieja viajó a Europa o cuando estuvo en Toronto. Con ésa historia comienza la búsqueda del diario de Verónica y sus múltiples viajes por el mundo en busca de una historia que se había perdido en una calle, en una casa en un avión, en un tren o en un café.

24 de febrero, 1981.

Andrea se ha levantado para ir nuevamente al trabajo, se siente bien, trabajando en la empresa de seguros, Chile Seguros. No lleva mucho tiempo allí pero ya tenía una amiga, Patricia, a quien conoció en sus estudios de Secretariado.

Andrea tenía 25 años, y nunca imaginó las historias que guardaría las paredes de la Casa que habita con sus hermanos, Santiago, Roberto, Macarena y Aída.

1° de Marzo 1981

Andrea ha llegado con la noticia que ha conocido a alguien, sí, hace tiempo que no estaba con alguien, después de quedar botada, con su vestido de novia visto y enamorada de Marcelo, todo esos años que ha veces e han perdido como hojas quemadas o como las cenizas de un cigarrillo, todo aquello que fue bello para ella y que había olvidado volvía para quedarse en ella, y para engendrar a Diego, que nunca imaginó que tendría un hijo a su edad, pero cuando conoció a Diego en aquella fiesta a la cual la invitó Patricia, que mundos les mostró aquellos ojos claros, sólo ella puede saberlo y sus palabras no tiene forma de expresarlo, sólo en su mente se podrían dar aquellos lugares.

18 de marzo, 1981

Paseando por el parque Forestal, están Andrea y Diego, disfrutando de aquella naturaleza, caminando hacia el museo de Bella Artes, muchas dudas pasan por la mente de Diego, en unos meses más tiene que irse a Concepción, allá debe estar, allá está su familia donde nunca está Andrea ni su futuro hijo.

29 de Abril 1981

Andrea está llorando no sabe que hacer, Diego le ha contado que se tiene que ir en junio a Concepción, mientras Diego en su departamento mira el ocaso, y bebe un café, suele pensar en Andrea, pero su mente está vagando por aquellos bosques, que ahora debía ver, aquel sur del cual salió para ir a estudiar a Santiago, aquella lejanía donde los bosques guardan el silencio de los crímenes, donde el frío llega a calar lo huesos, y la lluvia es tan cotidiana como las personas que caminan bajo ella, y mientras su mente divagaba, Andrea pensaba en lo desgraciada que era con el amor, pero que amor, muchas veces era sólo una relación de amantes, que se juntaban a pasear y follar. La mente de Diego paseaba por su infancia por aquel pueblo casi olvidado, aquel fundo donde muchas veces arriaba animales, nunca supo de lo pasó y pasaría en la Casa tantos años atrás y tantos posteriores.

25 de Febrero, 1982

Después de la explosión, ellos corriendo, todos los compañeros subieron al auto, mientras las balas del fusil silbaban en el aire, una penetró en la pierna de Juan, que cayó, ante eso Aída corrió a ayudarlo, el auto ya se había ido, un golpe de culata recibió, ¡perra comunista!, y mientras el sonidos de las botas de soldados corrían y golpeaban con alevosía a Juan, el gritaba: ¡milicos culiaos!, ver el rostro que sangraba, diciendo basta, déjenme, ver como era golpeado y llevado, separados el uno del otro, golpeados y en el anonimato que son los compañeros caídos, cuantos más había como ellos, que se había perdido que habían muerto por un ideal, un ideal que se hacía lejano, olvidado con la muerte, olvidado con la desesperanza, con la sangre, con el olor de la pólvora, claro, yo no sabía esto, no estaba en mí, no estaba en mis páginas, era olvidado por ellos, era sólo conocido por Verónica que no sabía nada de esto ni de las cosas que habían en la casa

3 de Marzo, 1982

Un batallón llegó a la Casa, Andrea, Verónica y la Abuela estaban allí, Luis seguía en el hospital, los militares entraron saltando las rejas, como si fuese un campo de batalla donde aquellas mujeres todas temerosas veían como avanzaba por el patio, en par, se movían, gritaban, la Casa estaba rodeada y afuera estaba un pequeño Tanque con su cañón dirigido hacia la entrada de la Casa, al invadir su interior, los gritos desesperados, la desesperanza se sumó a la desilusión que tenía Andrea, los recuerdos de Verónica y de la Abuela se remontaron al día del Golpe de Estado, y lo vivido, hija es hora de despedirse hasta aquí llegamos, sobrevivimos a una pero ahora no habrá otra oportunidad, el tiempo ya pasado, se siente el clima intenso, la mirada terrorífica de los soldados, el arma apuntando, ¡salgan todos al patio!, alguien gritó, sí, era uno de ellos, nos quería a todos afuera, quería vernos, quiere saber quienes somos, sí somos un peligro, pero ve a un grupo de mujeres caminar, bajando las gradas lentamente, temiendo el disparo de un fusil, ¡ustedes saquen tres sillas!, ¡rápido!, mientras los otros traían las sillas, nosotras no podíamos vernos, nuestra mirada estaba perdida en nuestros recuerdos en la sombra que era para mí Diego, la enfermedad de Luis, y nosotras paradas, esperando una señal para que nos sentáramos, y la Abuela que lloraba desconsoladamente, se volvía molesta para aquellos uniformados, ¡cállate vieja de mierda!, o quieres morir, pero aquel no sabía que ya todos estábamos muertos, aunque no lo sabíamos, sí muertos, y ahora sólo son parte de una historia oculta olvidada entre mi páginas, y sé que Diego me buscará y que ésta noche cuando ellos se vayan después de haber revisado toda la casa y encontrar un mapa de algún ataque a cierta comisaría, Verónica vendrá a escribir en mi páginas, busquen por todas partes, tiene que haber algo aquí, el cerdo ya habló, ¿dónde están los mapas vieja de mierda? Respóndeme o quieres morir, mientras sacaba su puñal, y lo ponían frente al pecho de Verónica y ella que no sabía nada, que no tenía idea de lo que pasaba, ¡sargento!, que mierda pasa cabo, encontramos unos planos, ¡vieja concha de tu madre! ¡Que! ¡No había nada! ¡Y que mierda son estas hueás!, respóndeme vieja puta comunista, sus ojos cada vez más desorbitados, mientras Andrea piensa el por qué pasó todo esto, que tienen que ver ellos, si nunca han estado metidos en nada, ¡por qué lo hacen! Una bofetada botó a Andrea de la silla, vas a hablar cuando yo te lo diga puta comunista de mierda, ojalá estuviera aquí Diego, o mejor por qué no estoy con él, pensamientos que pasaban fugazmente por la mente de, no sé de donde salieron, gritaba Verónica, déjennos por favor, váyanse, ¿quieres que nos vayamos? ¿Eso quieres?, si nos iremos, traigan las elementos, tres militares cumplieron la orden y pusieron cables sobre la mesa del patio trasero donde estaban sentadas las mujeres con la mirada inquisidora del Sargento, tomen las fotos rápido que estas putas me dan asco, mientas los soldados fotografiaban todos los cables que ellos habían traído, Verónica se resignaba a llorar, a veces pensaba en Luis y agradecía que no estuviera aquí viendo lo que estaba pasando, sí lo agradecía, y lo escribía para mí. Cuando los militares se fueron, y se llevaron las evidencias que comprometían a la Casa, y a la familia, Verónica se sentó un momento y lloró, cuando dejó de llorar dijo, todo lo que pasó aquí se queda entre los que lo vivimos, nadie más se debe enterar, mamá hay que hablar con Aída que paré con sus huevadas y que nos deje de una vez en paz, ¿qué mierda va a pasar ahora?.

5 de Marzo, 1982

La puerta se abre, es Andrea, sus ojos vienen rojos, no ha sabido nada de Diego, ni de Aída, le duele que le hayan cagado la vida, ahora era cesante, la despidieron, éste es un trabajo para gente digna, aquí no aceptamos comunistas, váyase rápido que no quiero tener problemas, esas palabras rondaban por su mente, ahora debía enfocarse a que sería su futuro, que sería de Diego, que sería de la Casa, ¿viste el diario?, no ¿por qué?, aparecimos como la casa donde se planeaba el ataque a una comisaría, hay fotos de la Casa, de las hueas que trajeron los milicos, no sé que haremos ahora, mientras suspiraba Verónica, y no tenemos nada de dinero, mierda, hay que hablar con Roberto cuando llegue, es lo más apropiado para estos momentos, pero le tendremos que decir, tengo peores noticias: me echaron de la pega, ¡qué! Sí, Verónica, nos estamos hundiendo, has sabido algo de Aída, no, nada.

15 de Marzo 1982

Aída mientras camina por su celda en la cárcel de mujeres piensa en Juan, en las torturas que le han hecho, recuerda cuando lo apresaron, cuando lo golpearon hasta dejarlo en el piso y seguir pateándolo, todavía ve su rostro ensangrentado y sus gritos siguen vivos en la celda, pero ella no quiere más, no quiere estar allí, quiere estar con Juan, sacarlo de donde esté, quiere darle su cuerpo, su amor. No duerme desde que la llevaron a la cárcel, nadie sabe donde está, nadie la ha ubicado, ni sus hermanos ni sus compañeros, pero está allí, encerrada en cuatro paredes sin ventana que la libere o le de esperanza de ver algún día el sol.

24 de abril, 1983

El otoño llegó con su dulce caer de las hojas, en una mañana sin más que las persianas cerradas y las habitaciones vacías, y el viejo recuerdo de Diego que aún sigue rondando esta vieja Casa. En algunos fríos rincones de la Casa, Andrea puede ver los recuerdos que pasan caminando, una sombra, una palabra, una canción.

Lleva tres meses de embarazo escondido, más que escondido, el embarazo se ha ocultado solo, dejándola menstruar durante los meses pasados y los que vendrán más tarde. Como podría decir estas cosas ahora deben estar escondidas para cada ser, para cada integrante de la Casa, y por sobre todo para Verónica y para Andrea que no sabe que está embarazada y realiza su vida normal sin penas ni glorias, pero con el recuerdo de Diego que está ausente ahora en su cama.

15 de Mayo, 1983.

Andrea que aún desconoce su embarazo, pues pronto sabrá, más tarde que temprano que su hijo, porque siempre tuvo la certeza de que sería un varón.

Por razones casi místicas como diría más años más tarde Diego, Jaime tuvo que venir a la Casa de Verónica, para suministrarle las dosis de drogas a Luis, que ya estaba en las últimas etapas de su fatal enfermedad.

Jaime que vio un grupo de jóvenes en la Casa, jóvenes que nunca antes había visto. Sus miradas eran como lanzas que atravesaban la carne, buscando la verdad, buscando algo que pudiera ser alguna sospecha sobre algo malo. En ése instante un frío viento atravesó la Casa, caminando por cada muralla. Andrea que no le presentó a ninguno de los que estaban allí sentados, callados como frías gárgolas, llevó rápidamente a Jaime a la habitación de Luis, los dolores que tenía eran cada vez más insoportables. Una vez adentro, Andrea le confesó que las personas que estaban allí no eran precisamente invitados, sino agentes del gobierno, el viento frío que caminaba por las murallas se apoderó de Jaime, y lo congeló, quedando atónito y pálido, sus manos temblaban. ¿Qué hacer ahora? Pasó por la mente de Jaime, su trabajo estaba allí, mientras Luis gritaba por el dolor. Tuvo que realizar su labor médica, pero por él pasaba el terror y el terrible pensamiento de ser detenido por los agentes. No respondía a las preguntas que le hacía Andrea, su trabajo fue realizado maquinalmente y sólo pudo decirle que estaba empeorando la salud de Luis, pero ¡cómo es posible!, se suponía que después de la operación debería mejorar, dijo Andrea, el cáncer está demasiado avanzado. Los ojos de Andrea su volvieron llorosos y rojos, mientras el dolor de Luis se calmaba, pero era sólo una máscara para que la enfermedad abarcará en poco tiempo la totalidad del cuerpo.

Al irse de la Casa, Andrea le dijo, tus piernas están temblando, te cuidado cualquier movimiento en falso es una señal para ellos, mientras los visitantes miraban por la ventana, ¿quién es él?, pregunto el más alto, es el médico de mi padre, está segura de eso, sí, más le vale que sea así. Ya vamos no tenemos nada más que hacer aquí, la veré mañana señorita. El ambiente denso que se podía sentir, se fue junto con los agentes, las lágrimas de Andrea rodaban por su mejilla, dejándose mecer algunas por su nariz.

Al día siguiente volvió Jaime, lleno de preguntas, quería saber lo que pasaba por qué ellos estaban allí, Andrea le explicó la cagada que había quedado después de que Aída y su esposo Juan, se involucraran en las guerrillas contra el dictador, ahora ellos sabían quienes eran, la casa había sido constantemente revisada por agentes del gobierno militar, el constante sufrir de todos, sobre todo de Luis, que no tenía idea alguna de lo que estaba pasando en la casa, no había tiempo para explicárselo, era preferible como dijo una vez Verónica que esto debería quedar entre los que estábamos presentes la tarde en que los militares invadieron la Casa, en esos momentos Aída y Juan no estaban en la casa, era preferible sino ellos sido como los tantos desaparecidos que hay ahora, y que nunca se hablaron en la Casa.

18 de noviembre, 1983

Ha nacido, nació con esos ojos claros que tanto amaba Andrea, nació para conocerme, para buscarme, nació para saber la verdad, Aída que lleva dos meses en libertad, lo cuida teniendo la esperanza de que su hijo, que el hijo que lleva en el vientre sea libre como ellos fueron en la niñez, pero la imagen de Juan tortura y encarcelado en algún lugar de Santiago la atormenta, y se desvela tratando de olvidar las imágenes de los golpes cuidando y viendo al pequeño Diego, sí, Diego debía llamarse es parte de esta historia, es parte de mis páginas y por sobre todo el es mi Némesis, mi final. Debo esperarte aquí donde no me encuentres, jugaremos durante muchos años, yo te veré crecer y tu me veras ya maduro, viejo y olvidado con el tiempo.

16 Octubre, 1990

No lo puedo creer, llegó gritando Aída, mientras Roberto y Santiago la miraban,

¡Juan va a ser indultado!, no sabía que aquello lo alejaría para siempre de ésta Casa, los alejarían para siempre de todos, menos de Diego, que los vería que lo tenía que ver para saber que había pasado cuando él era niño, Joaquín llegó corriendo a los brazos de su madre y tras él viene Andrea y Diego, que ven como Aída da vueltas con su hijo en el aire, sí, Ahora seremos una familia completa Joaquín, conocerás a tu padre, las lágrimas caían en la pequeña cabeza de Joaquín que no sabía por qué lloraba su madre, el también lloraba sin saber nada.

París, Francia, 1999

Los viejos trenes de aquel metro, gastados como los años de Verónica en frías páginas, olvidadas y desteñidas por los viajes, por los diferentes países que recorrió en una maleta, en una cartera, y al sentarse para escuchar las chispas era recordar un viejo tren que pasaba por el sur, como aquel en el que llegó Luis quien sería el esposo de Verónica.

Diego se dirige por la Rue Morgan hacia la casa de Carlos, años que no se veían, los amigos, que alguna vez fueron compañeros de curso, como recordaba Diego aquellas tardes en las que se perdían en el Tabo, en aquellos bosques, viendo y disfrutando de la maravilla en que se convierte la belleza de la naturaleza. Convertidos en hombres se separaron, años en que no se veía, ¿me reconocerá?, se volvía una mar de confusiones

Las calles eran silenciosas que concentraban el ruido de mis botas, los países por lo que viajó Verónica se hacen cada vez más lejanos, cada vez más ajenos, se pierden en el mapa, se vuelven fantasmas, mientras el sonido de las botas se escuchaba, Diego pensaba que su próximo viaje sería hacia Bruselas, allí debía buscar, era el último lugar donde estuvo Verónica en su viaje por Europa.

Bruselas, Bélgica, 2004

Joaquín ve a un hombre extraño sentado en un bar, sin saber que son primos, que son los pequeños que jugaron mientras su familia era detenida, golpeada, y torturada en los años de la dictadura, era Diego, que lo había llamado desde Toronto, tres atrás, un abrazo, le dio y con ello lágrimas de alegría, de recuerdos, de juegos, de infancia caían mientras los gringos bebían sus cervezas, que frío de mierda hace aquí, sí, no he visto en años la luz del sol, recuerdo esas tarde donde el calor de Santiago nos sofocaba y nos bañábamos en la piscinita que teníamos, como olvidarlo, son los recuerdos más presentes que tengo, me he tenido que aferrar a ellos después de que Verónica falleció, pero eso se veía venir, estaba muy mal, la última vez que hable con ella, ya no era ella, su voz era de ultratumba, estaba perdida en sus delirios

París, Rue Saint Jean 2005

Diego que ha llegado en busca de Alicia a París, la vieja amiga de Verónica, toma el metro, mientras va recorriendo las distintas estaciones, éste era el viejo París, el cual quería recorrer junto a Loreto. Carlos que estalla desde un lustro atrás lo recibió en su casa, pero en la mente de Diego habían dos sombras que los molestaban cada vez que salía en búsqueda invisible, blanca, era la sombra que lo perseguía desde que pisó la tierra francesa, ¿llegaré a ver a Loreto en el Arco como alguna vez dijimos que estaríamos?, Carlos que no veía a Loreto desde algunos meses atrás, no pudo responder a la pregunta de Diego, pues no sabía que Loreto ya no estaba en París, sino que está en Barcelona.

Barcelona 2005

Hoy recibí un correo de Carlos, ¿sí?,sí, está muy enfermo, al parecer no le queda mucho tiempo, es posible, imagina que la última vez que estuve en su casa estuvo vomitando sangre varias veces, mientras Diego encendía un cigarrillo Loreto se levantaba y caminaba hacia la cocina en búsqueda de más café, ¿cuándo vas a dejar de fumar?, estás igual que Carlos que fumaba y bebía tanto, cuando tenga un hijo, hace años Verónica me preguntó lo mismo y le respondí igual que a ti amor, ¿no crees que pierdes el tiempo buscando esos viejos diarios de tu abuela?, no lo creo, llevó tres años buscándolos, desde el día en que falleció, fue el día en mi madre me entregó uno de los que había en la Casa, pero sólo son los últimos días en que escribió de su vida, todo fue tan fugaz, sí, es cierto, me costó asumir que ya no estaba en la Casa, y que tendría que viajar a Santiago al funeral, sí lo recuerdo,...¿te acuerdas cuando te conocí? Sí, estábamos en la universidad, llevabas todos esos libros que leías y caíste por estar caminando leyendo uno, fui la única que te ayudó a recoger tus lentes, tal vez fue suerte que lo recogieras tú y no Francisca.

Santiago, La Casa, 2006

Los vientos de París, no se pueden comparar con los de Santiago y menos con aquella brisa de Barcelona o con el frío de Toronto y San Nicolás, pero como me vas a encontrar si me pedieron, tal como los años que llevo encerrados en mis páginas, y sé que estás más cerca cada vez, y que entre más viajes, entre más busques yo más me esconderé de ti, porque éstas historias no son tuyas son mías y de Verónica, sí, de Verónica, no fueron escritas para ti, son mías y no pueden caer en tus manos, y no me importa que me encuentres, sé me encontrarás lo sé y lo tengo más que claro, también sé que me abrirás como cualquier otro que me tuvo en sus manos o como lo haces con cualquier otro libro, pero sabes que no puedes hacer lo mismo conmigo, o que gracia tendría que lo hicieras si toda tu vida está aquí conmigo, sé toda tu vida, la conozco, antes de morir ella, me escribió todo sobre ti, y te conozco sé lo que harás, sé que me quieres y por eso te revuelves en tu cama, porque te duele que no me tengas y te conformas con las caricias de Loreto, que no son tan agradable como la de Nicole, podrás hacer lo que quieras conmigo como lo hiciste con Nicole, y sé que me quieres poseer como lo hiciste con ellas, quieres tenerme en tus manos sucias de ser frustrado, quieres salir de mi juego, del juego que creó Verónica para ti, que creó para la Casa, piensas que ella lo hizo todo, pero no, no fue así, todos eran parte de mí, todos tenían que ser parte mi páginas.

Él estaba más ajeno que nunca a la búsqueda de aquellas páginas perdidas , que le mostraron la verdad de todas las infamias que alguna vez ocurrieron en aquella Casa, desde su nacimiento que era una mentira hasta quienes fueron realmente aquellas personas que lo criaron, ahora que estaba en París, lejos de todos ajenos y siempre con la mirada perdida en algún objeto, trata a Loreto como si ya no fueron más que familia, ya no somos amantes, todo aquel juego se acabó desde que nos encontramos en Barcelona tu allá en la casa de mi primo, todo los viajes no sirvieron más que encontrarme con algo que no deseo, con todas esas verdades que me molestan que juegan en mi mente que me mienten que se esconden tras verdades a medias, no entiendo como nunca me hablaron de nada de lo que pasó, nada nunca fue lo que pensé, nunca estuve con ellos, como quiero que todo aquello, que fueron los viajes, que el tiempo que fue perdido, que la manera de conocer gente que estaba vacía que estaba allí que están acá allá, todos ellos fueron parte de ésta gran mentira, de la obra de teatro que fue mi vida, que buenos actores tuvieron que ser para que nunca viera lo que pasaba.